Caso 17

Cinco personas fueron capturadas, en una investigación, denominada, “Operación Mar Rojo” en la que, según, las fuentes anónimas de la Policía, se trataba de una organización criminal, que utilizaba el territorio nacional para el narcotráfico internacional, a través de vehículos con doble fondos.

DELITO: Contra la Seguridad Colectiva, relacionado con Drogas.

TEMA: El derecho a la libre circulación con el que las personas realizan sus diligencias personales, no es prueba para relacionarlas a ningún delito. Lo mismo ocurre con los informes suscritos por unidades de la Policía, sobre informaciones recibidas de fuentes desconocidas, al menos que, la información sea corroborada, no pueden servir, por sí solos, para demostrar el delito ni la vinculación.

RESULTADO: Logramos la libertad de las dos personas extranjeras, señaladas como los presuntos cabecillas de la organización criminal, porque, a pesar que, se dio con el hallazgo de la droga, y la ubicación de un taller, donde se presumía se confeccionaban los doble fondos, los informes de vigilancia y seguimiento, no fueron suficientes para demostrar la responsabilidad penal, porque con el hallazgo de la droga, se cumplió con acreditar el delito, pero los informes por sí solos, no fueron suficientes para demostrar la vinculación de mis clientes.

Ellos habían llegado al país, dos días antes de la captura, fueron fotografiados con una persona que los recibió en el aeropuerto, los transportó a diferentes lugares de la ciudad, que era considerada el contacto en Panamá de la organización criminal.

ANTECEDENTES DEL CASO

El día 2 enero de 2012, el jefe de la Unidad de Investigaciones Sensitivas de la Policía Nacional, le solicitó al Fiscal Primero Especializado en Delitos Relacionados con Drogas, autorización para llevar a cabo diligencias de vigilancia, seguimiento, información, vistas fotográficas, y para la obtención de cualquier otra prueba licita, contra un grupo perteneciente al crimen organizado, que pretendía introducir al país, por la Provincia de Darién, un cargamento de droga; que esta sustancia seria trasladada en autos con doble fondos, confeccionados en un taller ubicado, en el sector de Pedregal. Señaló que la información había sido dada por una fuente de entero crédito, manejada por la Policía Nacional.


Según los informes de la Policía, dicha organización, tiene un cabecilla en ciudad de Panamá, sector de Panamá Viejo, quien era el encargado de coordinar la logística, y el financiamiento para la introducción de la droga; que, en los próximos días estaría recibiendo a sus jefes para darles el reporte del resultado de la operación delictiva.


En una de las primeras estacionarias, y vigilancia, ubicaron la residencia del supuesto cabecilla o líder panameño, que vivía en el sector de Panamá Viejo, y la dirección de un taller de mecánica y chapistería, por el área de Pedregal.


Los investigadores se dividieron en dos bloques, cada uno, a su vez, subdivididos en subgrupos; y así iniciaron las pesquisas para corroborar la información.


Al contacto que vivía en el sector de Panamá Viejo, le dieron seguimiento por varios días; descubrieron varios hallazgos: por un lado, observaron cuando esta persona realizó diligencias para sacar un carro del taller de mecánica, ubicado en el Corregimiento de Pedregal, y se lo entregó a otra persona, quien lo condujo hasta un hospedaje, ubicado en la 24 de diciembre, dirección que conduce a la Provincia de Darién, frontera con Colombia.


Al día siguiente, se observó, que este auto, salió del hospedaje con dirección hacia la Provincia de Darién.

Por otro lado, después que, el contacto en Panamá, entregó el auto, se trasladó al Aeropuerto Internacional de Tocumén. Allí recibió a mis dos clientes, y los llevó a un restaurante, luego a dos hoteles. También, al aeropuerto nacional Marcos A Gelabert, dónde despidieron a una dama, que tomaría un vuelo nacional. Finalmente, a cada uno, lo dejó en un hotel diferente.


Al vehículo que salió con dirección hacia la Provincia de Darién se le dio seguimiento, y se observó cuando llegó y se estacionó en un hospedaje, hasta ese momento no se había identificado a su conductor. Posteriormente, un sujeto no identificado, conduce el mismo auto, hacia lugares desconocidos, que por motivos de seguridad y por salvaguardar el caso, no se le dio seguimiento. Al día siguiente, ese mismo carro, es detenido de regreso a ciudad de Panamá, por el área de Pacora. En la revisión se detectaron dos doble fondos con ciento veinte kilos de cocaína.


Esta captura, activó las diligencias de allanamientos; en el taller de mecánica, ubicado en el área de Pedregal, se aprehendieron a varias personas, entre ellas, al dueño y administrador del taller; mis clientes, fueron aprehendidos, cada uno, en el hotel donde se encontraban, pero en el allanamiento realizado en la casa del supuesto contacto en Panamá, en el sector de Panamá Viejo, no se encontró a nadie, ni tampoco sustancia ilícita, sólo señales, que alguien se había retirado apresuradamente porque se observó desorden, movimiento de ropa y otras cosas.


La fiscalía manejó la teoría, que, este era un grupo criminal, organizado, por nacionales y extranjeros, que se dedicaban a la introducción de drogas para posteriormente sacarlas en tráfico internacional, que había un cabecilla en Panamá que trabajaba en coordinación con otras personas, donde se hacían los doble fondos, y que todos respondían, a los cabecillas, que eran mis clientes.


Con esta orientación, imputó cargos por el delito genérico contra la Seguridad Colectiva, relacionado con drogas, imputación que se mantuvo tanto en la vista fiscal como en la audiencia preliminar.


Con relación a mis clientes, la fiscalía sostenía que, ellos eran los responsables de la droga incautada porque vinieron a nuestro país para controlar la logística del tráfico, que los panameños sólo eran operarios, brazos ejecutores de la estructura criminal.


El problema era que, las pruebas que exhibía la fiscalía para probar su teoría, eran informes suscritos por unidades de la Policía, en los que anotaban informaciones recibidas por fuentes anónimas, que decían, entre otras cosas, que llegarían dos extranjeros, a controlar la operación, y a los que los panameños tenían que rendirles cuenta.


Los informes de vigilancia y seguimiento a los que se refería el fiscal, eran los mismos que se registraron, cuando mis clientes fueron recibidos en el aeropuerto, transportados a un restaurante, dos hoteles, y al Aeropuerto Marcos A Gelabert, por una persona, que no fue capturado, por lo que, el calificativo endosado por los informes, de jefe de contacto en Panamá, no sustituía la necesidad de contar con su presencia para determinar si mis clientes estaban relacionados a esta operación.


El fiscal trató en la audiencia preliminar de fortalecer su teoría, indicando que, el concepto de crimen organizado, implica justamente que, los dueños de la droga, no son los que ejecutan las acciones, en cada uno de los procesos en la cadena de producción, movimiento, ubicación, venta y retorno del dinero; que estos, sólo ponen los recursos y reciben los beneficios; lo cual es cierto, desde la óptica del romanticismo literario, porque es justo en las definiciones de los grandes conceptos donde se encuentra la riqueza de la doctrina, en las distintas disciplinas, pero en materia penal, se aplican conceptos básicos, como, el derecho a la presunción de inocencia, la obligación de probar los hechos, y la necesidad de demostrar la vinculación, más allá de toda duda razonable, es por estos, conceptos básicos, que no encuentra cabida, la definición de la figura del crimen organizado, como elemento para probar la vinculación de mis clientes al delito investigado.


Le explicamos al Juez, temas muy elementales aplicables en el procedimiento penal y en el derecho probatorio; de acuerdo al artículo 2092 del Código Judicial, el fiscal tiene dos deberes que no puede trasladar a ninguna de las partes, en un proceso penal; menos al Juez: el primero, es que, tiene que presentar la prueba idónea para que el Juez entienda sin lugar a dudas, que hay un delito; el segundo es que, también debe aducir los medios de convicción para demostrar a que persona se le puede achacar la realización de ese delito.


Con relación al segundo deber, agregamos, los medios de convicción que ha presentado el fiscal para atribuirles a mis clientes la perpetración del delito, es un informe que dice que, ellos son los encargados de la droga, pero no hay persona que se haya hecho responsable de las razones o circunstancias de haber brindado esa información; entonces, si no existen, otros medios de convicción, el Juez, sólo tiene para decidir un llamamiento a juicio, sobre la base de este único informe, que en un razonamiento promedio, es un indicio que no satisface el requisito de medio probatorio que ofrezca serios motivos de credibilidad o graves indicios en contra de mis clientes.


Otro elemento que no ayudaba al fiscal, era el contenido del informe, porque los agentes de la Policía, vieron cuando ellos salieron del aeropuerto, llegaron a un restaurante, al aeropuerto de vuelos nacionales, a dos hoteles, y posteriormente se quedaron en sus respectivos hoteles; este contenido, no está registrado en ninguna norma penal como requisito de configuración a algún tipo de delito, otro tema muy diferente, era suponer, pero el Juez no está autorizado para permitir suposiciones, sólo para valorar medios probatorios que demuestren o acrediten la vinculación de los imputados.


El hecho que, quien los transportó, era señalado en los informes como el contacto jefe en Panamá, que fue visto cuando de un taller sacó un auto que le entregó a un tercero, mismo que posteriormente fue aprehendido con la droga, no repercutía en vincular a mis clientes, porque en el expediente habían constancias de la actividad de transporte turístico a que se dedicaba esta persona, que justamente, mis clientes, en sus declaraciones explicaron que, este fue el motivo por el que se los habían recomendado, ya que necesitaban realizar algunas diligencias, entre ellas, ir a la Zona Libre de Colón.


Terminé señalándole al Juez: “Las fiscalías a nivel mundial, tienen la obligación de investigar los delitos, y a las personas que los cometen, pero los Jueces, a nivel mundial, tienen la obligación de conservar el equilibrio de la justicia, esto significa que, el orden social se logra dándole a cada quien lo que le pertenece, y en este caso, al fiscal le corresponde perder, y a mis clientes recobrar su libertad”.


Mediante auto mixto de 25 de julio de 2013, se ordenó la libertad de mis clientes a través de un Auto de Sobreseimiento Provisional.

RECOMENDACIONES

1. En muchas ocasiones los fiscales cuando están escasos de pruebas, recurren a conceptos doctrinales para reforzar la comisión de un delito y la vinculación del imputado, usted no caiga en esa trampa, lo que el fiscal busca es distraerlo y confundirlo, siga su orden lógico en demostrarle al Tribunal con el expediente el fundamento de su pretensión.


2. El orden que siempre debe seguir es: el delito acusado y las pruebas con las que se está demostrando; luego, los medios probatorios con los que se está vinculando a su cliente. Concentrarse en esto, le ayudará un montón, en tener claro, la situación jurídica de su cliente.


3. Durante la investigación, empiece a preparar su ficha técnica, en la que anote las debilidades y fortalezas de la investigación; recuerde su enfoque siempre debe ser: comprobación del delito y pruebas que relacionan a su cliente.

 












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