Caso 19

Un pequeño empresario, es acusado de tener en su oficina, medio kilo de sustancia ilícita, según, la fiscalía, para la venta o traspaso a terceras personas.

DELITO: Delito Contra la Seguridad Colectiva, en la modalidad de Posesión Agravada de Droga (artículo 321) del Código Penal.

TEMA: En circunstancias especiales, existe una delgada línea entre posesión para la venta, y posesión para el consumo personal.

RESULTADO:

ANTECEDENTES DEL CASO

El 6 de agosto de 2010, la Unidad de Investigaciones Sensitivas de la Policía Nacional, supuestamente recibió información de una “fuente de colaboración” que los alertó sobre la existencia de drogas ilícitas, oculta dentro de un taller de mecánica, ubicado en la Estación Delta de la Vía Cincuentenario.


Cumplidos los trámites previos, se realizó una diligencia de allanamiento al lugar indicado, encontrando un taller de mecánica, la presencia de tres personas, incluyendo a mi cliente, quien era el propietario.


Dentro de la oficina de mi cliente, en un cesto de basura se encontró un cartucho con hierba seca, marihuana, y la suma de mil doscientos dólares producto de la revisión personal.


En el acta de la diligencia de allanamiento, quedó registrado que mi cliente aceptó ser el poseedor de la sustancia, sus trabajadores no tenían conocimiento, desde los 16 años consume droga, y que lo encontrado era para su consumo.


Tres hechos fundamentaron la imputación del fiscal, el informe que recibió la Unidad de Investigaciones Sensitiva de la Policía Nacional, la diligencia de allanamiento, y el hallazgo de la sustancia, lo que según el fiscal, se había corroborado la información, sobre la venta de droga en un taller.


Los detenidos rindieron declaración indagatoria, seguido de la imputación, los trabajadores, dijeron que no tenían conocimiento que había sustancias ilícitas en el local, mientras que mi cliente, declaró que la drogo era suya, pero para uso personal.


En sus declaraciones, los dos mecánicos señalaron algo interesante, que su jefe, fumaba marihuana constantemente, porque a pesar de los inciensos y olores ambientales que colocaba para disimular, era evidente, ya que, el olor llegaba hasta donde ellos, inclusive, que algunos clientes comentaban sobre el olor a marihuana.


El problema se complicó cuando el laboratorio especializado en drogas, del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, del Ministerio Público, entregó el peso de la droga, 460 gramos de marihuana, esta cantidad, según el fiscal, en exceso sobrepasaba, la posología considerada para el consumo diario de una persona adicta, lo que cerraba la posibilidad de ver los hechos como consumo, más bien, era una cantidad que el propósito era traspasarla a terceros.


El fiscal calibraba este caso, bajo el concepto de las probabilidades, decía que era muy poco probable, que un adicto de marihuana sólo para consumo conservara en su poder la cantidad cercana a medio kilo droga, más cuando las otras personas que trabajan con él, habían dicho que no consumían droga, y por lo tanto, desconocían de la existencia de narcóticos en el radio de acción, donde desarrollaban su trabajo.


La cantidad de la sustancia ilícita, las circunstancias que rodearon el descubrimiento del hecho punible, y las consideraciones del fiscal, sobre el peso de la droga, respaldaron la decisión del fiscal, de ordenar la detención provisional de mi cliente, y dejar en libertad a sus colaboradores.


De una reunión con el fiscal, aunque no logré persuadirlo, de la posibilidad de considerar mi teoría, a fin de dejar sin efecto la detención, salí consciente que el debate jurídico, tenía que plantearlo en la esfera judicial, porque, la posición del fiscal, era que, él tenía información que mi cliente se estaba dedicando a la venta de sustancias ilícitas; entonces, desarrollaba una actividad mixta, consumía, pero a su vez, era vendedor de droga, así que a él le interesaba más la conducta de traficar, que de consumo, por lo tanto, mi cliente debía responder, y ser condenado a la pena de 5 a 10 años de prisión, por poseer sustancias ilícitas con ánimo de venta.


Mi plan en este caso era, no llegar hasta un juicio penal por el delito planteado por el fiscal, yo me sentía muy informado por todos los debates jurídicos que había tenido, relacionado a los presupuestos que acreditan las modalidades de tráfico y posesión de droga, pero además, consentir esa imputación, implicaría tener que esperar hasta un año o más para obtener la libertad de mi cliente, debido a la mora judicial.


El fiscal había cometido un error en el fundamento de los hechos en la imputación, porque, al ordenar la libertad de las dos personas aprehendidas en el mismo lugar del allanamiento, sustentó que, estas personas desconocían de la existencia de la droga, que eran trabajadores; entonces, esta posición del fiscal, era el comienzo para empezar a desquebrajar la imputación por consumo para venta, porque, si reconoció que estos estaban excluidos del tráfico, implicaría necesariamente que mi cliente se vendía así mismo la droga.


Por otro lado, el fiscal, siendo el acusador, acreditó en el expediente, el hecho que, el lugar donde se llevó a cabo el allanamiento, era un local comercial, y que los liberados, eran mecánicos empleados; pero además, reconoció lo dicho por estos, en el sentido que, al taller solo llegaban las personas a reparar sus autos; quiere decir, que, si los empleados no consumían, no tenían conocimiento de la posesión de la droga, los clientes no compran; entonces, la venta o el tráfico, se hacía bajo la absoluta privacidad de mi cliente. Este criterio, dejaba la teoría del fiscal a medio palo.


También existía otro hecho importante, acreditado por la fiscalía a través de la diligencia de allanamiento, reforzado por la declaración de los aprehendidos, y es que, se encontraron autos en reparación, lo que hacía desaparecer la duda, que el local, pudiera ser una pantalla como punto de acopio y venta de droga, amén que, los tres declarantes dijeron que allí sólo llegaban los clientes de los autos.


En el plano de comprobar las conductas o verbos rectores de la venta de droga, el fiscal también tenía serias debilidades porque, sólo contaba con un informe anónimo que fue corroborado en parte, pero la droga estaba en bloque con evidencia que se estaba sacando o extrayendo poco a poco, no estaba empacada en bolsitas o carrizos, que es la forma básica de vender sustancias ilícitas al menudeo, se encontró sabanas o papel utilizado para forrar o preparar cigarrillos para el consumo, no hubo, testigos, ni compradores simulados o encubiertos; en fin, la fiscalía, sólo sostenía su teoría, en el peso de la droga.


Nuestra teoría se robusteció cuando logramos obtener pruebas documentales, de un expediente clínico, como evidencia que en el pasado, mi cliente, había participado en un Programa de Recuperación de Drogas Ilícitas y de Alcohol, en un centro de salud de la ciudad capital, y de un proceso judicial, ya archivado, en el que se le aplicó medida curativa por consumo de sustancias ilícitas.


Al llegar al convencimiento de la debilidad material o de hechos, que tenía la fiscalía, y de nuestra fortaleza, presentamos el caso a consideración de los Tribunales de Justicia, comparto los puntos más relevantes que le expusimos al Juez de la causa:


• Hemos demostrado con pruebas documentales y materiales, unas levantadas y procesadas por la fiscalía, y otras, presentadas por la defensa, pero todas incorporadas en el proceso, que mi cliente es un consumidor tradicional de la sustancia ilícita conocida como marihuana, la fiscalía en ausencia de elementos materiales que presuman la venta, sostiene la imputación por Posesión Agravada de droga, únicamente con el informe de procedencia, y el peso de la sustancia en 460 gramos.


• Lo anterior, nos traslada al debate, si la tenencia de droga para el consumo tiene que estar limitada a pequeñas cantidades, o si por el contrario, otras circunstancias comprobadas, pueden hacer variar esa cantidad. En otras palabras, si eventos o circunstancias del mundo exterior, pueden influir a que un consumidor compre provisiones para semanas, quincenas o meses, o por el contrario, la posesión de estas sustancias tiene que ser inmóvil a la escasa cantidad de una posología.


• Mi cliente declaró en la fiscalía que desde los 16 años de edad, es asiduo consumidor de marihuana, su grado de adicción es tal, que tiene que fumar cada media hora, su poder adquisitivo le permite haber comprado la cantidad de 460 gramos, que le duraría para varias semanas, lo cual es, más o menos, lo que ocurre al comprar las tarjetas para pasar por lo corredores; si la persona es de escasos recursos, tiene que recargar todos los días, o día de por medio, pero si tiene solvencia económica, recargará cada meses o en más tiempo.


• Las declaraciones de sus empleados sirvieron para acreditar el hecho, que mi cliente fumaba la sustancia recurrentemente, porque el olor se sentía en el área externa de su oficina, que incluso, los clientes, hacían comentarios de esta fragancia.


• Hemos demostrado en la carpeta, el hecho que, mi cliente en el pasado, participó en un Programa de Recuperación de Drogas Ilícitas y de Alcohol, y que, en otro proceso judicial, se le aplicó medida curativa por consumo de sustancias ilícitas.


• La fiscalía preliminarmente ha configurado el delito, con un informe anónimo, que alertó sobre la presencia de droga en el taller, y el peso de la sustancia, pero con este único hecho acreditado de la existencia de la droga, no ha cumplido con su deber de demostrar el hecho punible, de Posesión Agravada, porque le faltó acreditar las circunstancias objetivas, que permiten determinar que la droga que poseía mi cliente no era para el consumo.


• Con base en cada una de las debilidades que tiene esta imputación, solicitamos con el debido respeto, la misma sea revocada, se le otorgue la libertad a mi cliente, y en consecuencia, se redirija el sumario, a la esfera municipal, que es la autoridad competente para dirimir conflictos penales, relacionados con posesión de droga para el consumo.


El Tribunal de primera instancia, consideró que, no es la cantidad por si sola la que determina una posesión de droga con fines comerciales, porque muchos factores pueden influir para que un adicto adquiera más de la cantidad diaria de consumo, como lo es, su contextura física y mental, la edad, el peso, educación, el aspecto cultural, el poder económico, la posición social o laboral, la condición de acceder al mercado, incluso, hasta para ahorrar dinero, porque entre mayor cantidad, menos es el costo; lo que determina la posesión agravada para el traspaso, son las circunstancias concretas que permitan que el Tribunal, más allá de toda duda razonable, determine que esa cantidad de droga, no es para el consumo, por lo tanto, se configura el delito, de tipo agravado.


Al resolver el recurso de apelación, anunciado y sustentado por la fiscalía, el Segundo Tribunal Superior de Justicia, del Primer Distrito Judicial de Panamá, no solamente confirmó la decisión, en cuanto a la libertad, sino que, declinó la investigación a la jurisdicción de los Tribunales municipales.


En realidad, este es un buen precedente, que contribuirá a dilucidar casos en los que, con el sólo peso de la droga, automáticamente los fiscales, incluso los jueces, arriban a conclusiones equivocadas, de aplicar el tipo penal de Posesión Agravada de droga, con ánimo de venta o traspaso, cuando, pudiera darse el caso, que esa posesión era para consumo.

RECOMENDACIONES

• Tengan presente que con el único requisito del examen del laboratorio, la droga en sí misma, constituye un hecho punible. Es decir, el sólo hallazgo de cualquier cantidad de droga en posesión de una persona, es un delito. El consumo tiene que ser probado por la defensa.

 












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