Caso 5

En ciudad de Chitré, Provincia de Herrera, un joven de 20 años de edad, y su pareja sentimental de 35, fueron acusados de haber asesinado con arma de fuego al padre del novio de su hija, quien falleció a causa de recibir en su anatomía varios disparos.

DELITO: Homicidio Doloso Agravado (artículos 131 y 132) del Código Penal.

TEMA: Las declaraciones de los testigos no presenciales o referenciales, aunque provengan de unidades de la fuerza pública, no tienen la fuerza probatoria requerida para acreditar la vinculación de un acusado al delito investigado.

RESULTADO: En una audiencia en derecho ante un Tribunal de Juicio de la Provincia de Herrera, Distrito de Chitré, integrado por tres damas, logramos una sentencia de “no culpabilidad” al convencer al Tribunal que la vinculación de mi cliente al hecho de sangre, no podía ser demostrada con las afirmaciones de unidades de la Policía Nacional que habían declarado en el juicio haber escuchado de la esposa, hijo y nuera del difunto, que mi cliente fue la persona que le disparó varias veces con armas de fuego en su anatomía, ya que ese hecho especifico no fue visto directamente por ellos, sino referidos por terceras personas, por lo que los declarantes estaban suponiendo o especulando sobre un hecho que ocurrió fuera de su radio de percepción.

ANTECEDENTES DEL CASO

Los hechos de la acusación recogidos por la fiscalía desde la investigación y presentados en el Juicio Oral, decía que mi cliente llegó a la casa de la víctima, el 11 de septiembre de 2017, aproximadamente a las doce y treinta (12:30) de la madrugada conduciendo una camioneta marca Tucson, color rojo vino, matriculada BD3022, en compañía de su pareja o compañera sentimental.

Al llegar vio a los padres del novio de su hijastra y les preguntó por ella, estos le contestaron que no sabían si estaba porque acababan de llegar a casa.

Seguido de esa respuesta pateó la puerta, entró y sacó a su hijastra de la casa; entre él y su pareja empezaron a golpear a la joven porque le tenían prohibido continuar con el noviazgo con el también menor de edad, hijo del difunto.

El joven intervino en defensa de su novia; por esta reacción mi cliente lo golpeó; su padre y madre salieron a apoyar a su hijo, pero también recibieron golpes; el finado tomó una silla para contrarrestar el ataque, pero esa circunstancia fue aprovechada por la pareja de mi cliente para decirle que fuera a buscar el arma que se encontraba dentro del auto, éste fue, agarró la pistola, regresó, volvió a golpear al menor y a su madre, el difunto en defensa de su familia le lanzó una silla, y en respuesta a esa mínima agresión, recibió varios impactos de bala que le causaron trauma penetrante en el abdomen, lo que le produjo posteriormente la muerte.

El mismo día del hecho de sangre, minutos después de haber llegado a su residencia, la compañera sentimental de mi cliente fue capturada; incluso, la camioneta, marca Tucson, color rojo vino, en el que se transportaba, al momento que llegaron las unidades de la Policía, tenía las puertas abiertas.

Mi cliente compareció al proceso porque una vez fui contratado para la defensa, le recomendé que se entregara, así que, personalmente lo acompañé a ponerse a disposición de la fiscalía encargada de la investigación.

Durante los seis meses de la investigación, la fiscalía recopiló suficientes medios de convicción, mismos que fueron anunciados en el escrito de acusación y aceptados como pruebas en la audiencia intermedia, por lo que, además de tener acreditado el delito de Homicidio con pruebas como los informes de levantamiento del cadáver y el de necropsia, que daban cuenta de un cuerpo sin vida y la causa de la muerte, también la fiscalía contaba con algunos indicios que en principio creaban la duda que mi cliente era el autor material del crimen, ya que tres personas habían rendido entrevistas, y en ellas indicaron que vieron cuando mi cliente le disparó a la víctima; además las condiciones en que se encontraba el auto en el que supuestamente se habían transportado generaba un fuerte indicio, que indicaba que ellos no estaban en la casa al momento de la agresión; pero adicional, tres agentes captores dijeron en entrevistas ante la fiscalía, que la pareja sentimental de mi cliente les dijo que ella fue la que disparó.

El Ministerio Público calificó el hecho como Homicidio Doloso Agravado y en el Juicio Oral acusó a mi cliente de ser el autor material, y a su pareja en calidad de cómplice primario, para ambos solicitó una pena de 20 años de prisión y 5 años de inhabilitación para ejercer funciones públicas.

Iniciado el juicio oral, la fiscalía le presentó al Tribunal de Juicio su teoría del caso, indicándole que demostraría más allá de toda duda razonable que mi cliente fue quien le disparó a la víctima, que lo había hecho sin motivo; anunció las pruebas con las cuales probaría su culpabilidad, entre ellas, los testimonios presenciales de la esposa e hijo del difunto; 6 unidades de la Policía Nacional, quienes llegaron a la escena del crimen como primeros intervinientes y auxiliaron a la víctima al llevarlo al hospital, pero además conocieron la manera en que se suscitaron los hechos; dos peritos de criminalística de campo quienes darían cuenta de los casquillos y plomos encontrados en la escena del crimen y demás indicios; perito planímetro que tendría la responsabilidad de explicar las distancias y lugares donde se encontraron los indicios; perito en fotografía forense quien realizó inspección ocular, y que presentaría las vistas fotográficas de la escena donde se dieron los hechos; médico forense que establecería la causa de la muerte, señalando que las heridas fueron mortales y que llevaron a la víctima a su fallecimiento; dos peritos balísticos forenses, quienes explicarían los indicios recolectados y establecerían el tipo de arma usada en los disparos, esto, relacionado a los plomos encontrados en el lugar; indicó la fiscalía que luego de evacuar todas sus pruebas, el Tribunal llegaría a la decisión más allá de toda duda razonable sobre la culpabilidad de mi cliente, de haber cometido el delito de Homicidio agravado por motivos intrascendentes.

Durante el desahogo probatorio la fiscalía logró que seis testigos, los primeros en llegar a la escena de los hechos describieran que al llegar observaron a una persona que estaba tirada en el piso de la residencia, que habían personas a su alrededor solicitando auxilio, por lo que levantaron al herido y lo llevaron al hospital, luego regresaron al lugar, entrevistaron a la esposa e hijo del herido, y a la novia de éste, quienes les relataron que se había dado una situación de violencia porque mi cliente había llegado a buscar a su hijastra ya que esta mantenía una relación de noviazgo con el hijo del difunto, y al encontrarla procedió a golpearla, lo que produjo que primero salió el novio en su defensa, luego el difunto y su esposa, provocando gritos, empujones y golpes, circunstancia que hizo que la pareja de mi cliente le dijera que buscara el arma que se encontraba en el carro; al regresar con el arma en la mano, se acercó a la puerta principal de la casa y le disparó varias veces a la víctima, y enseguida se dieron a la fuga, por lo que otro personal al escuchar lo sucedido por radio operador fueron a la casa donde vivía mi cliente, allí observaron el vehículo fuera de la residencia con el motor y luces encendidas, la puerta del conductor abierta, y cuando llegó el patrulla, observaron cuando de la casa salió la pareja sentimental de mi cliente llorando e indicando que ella era la que le había disparado al difunto, y que el arma se encontraba dentro del vehículo.

El resto de los testigos de la fiscalía repetían las mismas versiones, que habían escuchado de los supuestos testigos presenciales, haciendo especial énfasis en la presencia de sangre en la residencia del difunto y al hallazgo de varios casquillos y plomo en el área, igualmente se acreditó que la causa de muerte se debió a impactos de balas producidos por un arma de fuego; los peritos balísticos acreditaron que se trató de un arma tipo pistola 9 milímetros, que al comparar los casquillos se comprobó que los disparos fueron hechos con un arma de la misma descripción.

De esta manera la fiscalía insistía que la vinculación en contra de mi representado estaba acreditada con lo afirmado por los testigos, en el sentido que los disparos que había hecho mi cliente, dos de ellos impactaron el cuerpo de la víctima y pusieron en peligro su vida, complicándose posteriormente y afectando órganos vitales como el pulmón, derramamiento de bilis y el páncreas, lo que ocasionó el desenlace fatal.

Mi intervención debía basarse en argumentos muy técnicos ya que el tema fundamental en discusión según mi análisis era sólo uno, si el Tribunal les daba valor a los testimonios referenciales, mi cliente sería condenado, si no, obtendría la victoria, así que, sabía de antemano por donde descargar la luz de mis argumentos. A continuación, les comparto alguno de ellos.

• Señora presidenta y demás juezas que integran este Tribunal de Juicio, reitero mis saludos y respeto en el orden acostumbrado; lo primero que me corresponde decir es que la fiscalía incumplió su promesa de probar de cara al Tribunal, más allá de toda duda razonable, que mi cliente en compañía de su pareja llegó a la casa de la víctima y le realizó varios disparos, causándole traumas penetrantes en el abdomen, falleciendo posteriormente. Me atrevo a hacer esta afirmación, basado en las pruebas introducidas al juicio por parte de la fiscalía, ya que, el Tribunal tuvo la inmediación con cada uno de los testimonios desahogados, por lo que las juzgadoras escucharon que a todos les hice la misma pregunta, pero también escucharon cuando todos sin excepción contestaron que no vieron a mi cliente llegar a la casa de la víctima, no lo vieron realizar los disparos, tampoco cuando se retiró de la escena de los hechos y llegó a su residencia; contestaron que no observaron los hechos violentos, los golpes, no vieron ni encontraron el arma homicida, por lo que sus declaraciones son producto de hechos supuestamente vistos por otras personas, que ellos utilizaron para especular o imaginarse que mi cliente fue la persona que ejecutó el delito.


• Esta defensa observa que, lo que la fiscalía probó es que el 11 de septiembre de 2017 la víctima recibió más de un disparo con arma de fuego en su residencia, y este hecho lo demostró con el informe que da cuenta que el herido fue llevado desde su vivienda hasta el hospital, el de necropsia que estableció la causa del fallecimiento, el certificado de defunción del registro civil que concluye que existió una persona con el nombre y generales de la víctima, pero no pudo acreditar que el hecho anterior fue ejecutado por mi cliente, ya que la fiscalía no introdujo medios probatorios que demostraran que mi cliente haya estado en el lugar de los hechos, tampoco que se haya transportado en la camioneta marca Tucson, color rojo vino, matriculada BD3022; la fiscalía probó que este auto fue visto fuera de la residencia de la pareja sentimental de mi cliente, pero con esta prueba también demostró que mi cliente no estaba en este vehículo ni dentro de la residencia. Por otro lado, los informes técnicos y científicos dicen que las heridas fueron producidas por un arma de fuego, descrita como una pistola 9 milímetro, pero esta evidencia no fue presentada en el juicio; entonces, queda claro sin lugar a dudas, que el acusador ha demostrado un extremo del hecho, es decir, el delito, pero no la vinculación porque el juicio de culpabilidad también requiere ser demostrado con medios de pruebas concretos sin la contaminación psicológica de la conjetura o especulación.


• En palabras más propias del debate en derecho, la fiscalía ha logrado acreditar más allá de toda duda razonable, específicos elementos materiales del aspecto objetivo del delito de homicidio doloso agravado. No así, la participación de mi cliente como autor del mismo, toda vez que la norma penal que acusa la fiscalía tiene como verbo rector del tipo penal el “causar” que exige un accionar de mi cliente y de su pareja, dirigidos a causarle la muerte al ofendido, pero hay que entender que esa acción de mi cliente debió ser física, de provocarle la muerte a la víctima, situación que en estos momentos parece abstracta e imaginaria porque mi cliente no apareció en ninguna de las fases de la escena del crimen, sino 20 días después cuando esta defensa lo acompaño a presentarse ante la autoridad competente; importante es resaltar, distinguido Tribunal, que lo que estoy diciendo no recibió ninguna oposición o contradicción por parte de la fiscalía ni por los testigos aportados por esta.


• Lo anterior significa que la acusación de la fiscalía en cuanto a que mi cliente es el autor material de la muerte de la persona aceptada como víctima en este caso, quedó sin corroboración y esto deja sin sustento el elemento del tipo penal que se refiere a la culpabilidad, ya que a pesar que el Ministerio Publico presentó una serie de testimonios, inclusive la de algunos que manifestaron que la pareja sentimental aceptó que fue quien disparó, y que el arma se encontraba en el vehículo, estos mismos testigos señalaron que el arma no fue ubicada.


• De estos testigos obviamente se puede colegir que, en efecto se dio un hecho de sangre que desencadenó en la muerte de una persona, no obstante, a pesar de que algunas pruebas son científicas y cuentan con los requisitos de validez, licitud, eficacia, autenticidad y rigurosidad de la prueba., sin embargo, en lo que se refiere a las pruebas testimoniales de cargo, estas son de referencia, las cuales si bien es cierto están dentro del catálogo del Artículo 389 del Código Procesal Penal, las mismas deben tener correspondencia con otras pruebas que se refieran directa o indirectamente al objeto del hecho investigado, las que deben generar de manera individual o colectiva la certeza jurídica para descubrir la verdad.


• Por lo que la causa que hoy se debate en contra de mi cliente carece de la presencia de terceras personas que pudieran tener la categoría de testigos presenciales de los hechos acusados, tal es el caso de los testigos presenciales que la fiscalía anunció como tales y que no pudo traerlos al proceso por lo tanto, es el Ministerio Publico que conforme a los Artículos 5, 68, 72, 110 y 340 del Código Procesal Penal a quien le corresponde el ejercicio de la acción penal y probar los hechos de la acusación en juicio oral.


• Entendiendo entonces que la fiscalía no pudo presentar material y formalmente las pruebas idóneas para enervar la presunción de inocencia de mi cliente, solicitamos que el mismo sea declarado no culpable.

Este juicio oral, duró 4 días, terminamos al cuarto día como a las 3 de la tarde, tres horas después, se nos dio el sentido del fallo de no culpabilidad, lo que, en mi opinión, cada juzgadora al concluir con la fase de alegatos ya estaba clara en su decisión de inocencia, ya que el fallo fue unánime a favor de la pareja.

RECOMENDACIONES



• La experiencia más sobresaliente que me dejó este proceso fue que rechacé un ofrecimiento de acuerdo de pena propuesto por la fiscalía de 10 años de prisión, porque después del primer mes de investigación me di cuenta que las víctimas sobrevivientes estaban renuentes al proceso, ya que al principio mostraron interés, pero posteriormente a la misma fiscalía le costaba citarlos, entonces del análisis que elaboré, me di cuenta que, fuera del testimonio de los dos familiares, no había otro medio de prueba que sustituyera ese vínculo entre mi cliente y los hechos, ya que supuestamente la tercera testigo era hijastra de mi cliente, por lo que por protección constitucional ella no estaba obligada a declarar en contra de su madre y su padrastro.


• En realidad, me corrí un clásico, les dije a los familiares y a mi cliente que si los dos presuntos testigos presenciales comparecían al juicio el riesgo de una sentencia de culpabilidad era del 95%, pero si no se presentaban la posibilidad de una decisión de no culpabilidad era igual de un 95%. El punto era que revisando la carpeta de la investigación íbamos notando la ausencia de los testigos presenciales, al punto que una semana antes del juicio la fiscalía envió la citación, pero no había constancia de ser recibida personalmente.


• Creo que producto de este juicio puedo recomendarles a mis colegas que frente a un Tribunal de Juicio deben argumentar técnica y objetivamente porque el juego de los sentimientos no produce ningún efecto positivo, más bien, se corre un riesgo muy grande de perder la oportunidad de argumentar con las pruebas y el derecho en las manos.


• Otra experiencia que recuerdo es que como sabía que todos los testigos que se habían presentado eran referenciales, entonces me enfoque a hacerles preguntas propias de los testigos presenciales, ya que sabía que me iban a contestar que no vieron nada; la idea era marcar desde el inicio en la mente de las integrantes del Tribunal de Juicio que no podían condenar porque no había nadie que dijera que vio directamente los hechos o parte de ellos. Me di cuenta que la estrategia funcionó porque fue muy corto el tiempo de deliberación para dar el sentido del fallo de no culpabilidad.

 












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